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Síntomas de cáncer de tiroides

Primeros signos típicos de carcinoma tiroideo, información sobre las señales iniciales que tiene el tumor de tiroide.

Los síntomas del cáncer de tiroides pueden incluir: un bulto en la base del cuello, voz ronca que dura más de un par de semanas, dolor de garganta o dificultad para tragar (odinofagia) que no mejora. En la mayoría de los casos, el cáncer de tiroides en sus etapas iniciales no causa ningún síntoma. Sin embargo, la presencia de nódulos tiroideos, sean cancerígenos o benignos, puede detectarse en algunos casos en pacientes que sienten un nudo en la garganta o se encuentran un bulto en el cuello frente al espejo, por comentarios de un familiar o por una visita al médico. El 99% de los nódulos tiroideos son benignos.


Ocasionalmente, los nódulos pueden causar dolor. En casos raros, algunos pacientes se quejan de dificultad para tragar cuando un nódulo es lo suficientemente grande y se coloca de tal manera que impide el paso normal de alimento a través del esófago (que se encuentra detrás de la tráquea y la glándula tiroides).

A veces, el nódulo se encuentra debido a que el paciente es sometido a una tomografía computerizada, resonancia magnética o ecografía del cuello por alguna otra razón (por ejemplo, paratiroides, enfermedad de la arteria carótida, o dolor en la columna cervical). Los nódulos tiroideos encontrados por accidente solo son cancerosos un 1% de las veces.

Cáncer de tiroides
Los grumos tiroideos son muy comunes. No es inusual que las personas mayores tengan pequeñas protuberancias en sus glándulas tiroideas llamadas nódulos. Un 90% de las mujeres mayores de 70 años los tienen, pero sólo 1 de cada 20 tumores tiroideos son cancerosos. La glándula tiroides agrandada que no es cáncer se llama bocio.

bulto en la tiroides
Bulto en la tiroides
Los bultos de la tiroides no suelen ser dolorosos pero deben ser revisados por un médico. También se debe consultar al médico si la protuberancia de repente se hace más grande. Todos estos síntomas suelen deberse a enfermedades distintas al cáncer. La voz ronca o el dolor de garganta es más probable que sean causados por una infección bacteriana o viral. Pero si la ronquera o dolor se mantiene durante más de 3 semanas, se debe preguntar al médico.

La glándula tiroides puede aumentar de tamaño (bocio) o permanecer con su tamaño normal. También pueden agrandarse los ganglios linfáticos del cuello (adenopatía lateral cervical), incluso antes de que los nódulos tiroideos sean palpables.

Los síntomas del cáncer de tiroides avanzado pueden ser disfagia, ronquera (como expresión de una parálisis de las cuerdas vocales por compresión del nervio recurrente laríngeo), dificultad para respirar, dolor reflejo de oído persistente, dolor de cuello y/o garganta, trastornos hormonales, fallos en el tiroides, sofocos vasomotores cervicofaciales, presión sanguínea inestable, hipotiroidismo o hipertiroidismo.

nodulo en la tiroides
Nódulo en la tiroides
Aunque el 99% de los nódulos que se encuentran en la glándula tiroides son benignos, sólo su médico puede determinar si un bulto en el cuello es canceroso. Incluso los síntomas anteriores pueden ser causados ​​por infecciones y otros trastornos leves. Si tiene un bulto en el cuello o los síntomas mencionados anteriormente, debe visitar a su médico para determinar la causa.

Si en la infancia se recibe radioterapia en el área del cuello (por ejemplo, para tratar el linfoma de Hodgkin), aparecerán bultos en esa zona y hay un riesgo de 1 en 3 de que el bulto sea canceroso.

A veces el cáncer medular de tiroides puede producir síntomas inusuales, tales como diarrea (o deposiciones líquidas frecuentes), o color rojo en la cara (rubor). Estos síntomas son causados ​​por una hormona llamada calcitonina. La calcitonina es producida por las células del cáncer medular de tiroides. Así, a pesar de que es una sustancia perfectamente normal en la sangre, es posible que aumente y produzca estos síntomas.

El cáncer de tiroides es un cáncer muy raro en muchos países. Es de 2 a 3 veces más común en mujeres que en hombres.

Hay diferentes tipos de cáncer de tiroides. El cáncer de tiroides papilar es el más común, seguido por el cáncer de tiroides folicular, mientras que los tumores medulares y los anaplásicos son mucho más raros.

El riesgo de cáncer de tiroides parece ser mayor en las mujeres del sur de Asia, pero eso se explica posiblemente por los factores de riesgo relacionados con la reproducción que se explican más abajo.

Recuerde que tener un nódulo en la tiroides no significa necesariamente que vaya a tener cáncer. Sólo 1 de cada 20 tumores tiroideos son cancerosos.

Tipos de cáncer de tiroides


cancer de tiroides papilar
Cáncer de tiroides papilar
Es posible determinar el tipo de cáncer de tiroides al tomar una pequeña muestra de células de la tiroides (una biopsia). Aproximadamente 9 de cada 10 casos (un 90%) son cánceres de tiroides diferenciados (DTC). Esto significa que las células tienen algunas de las características de las células normales de la glándula tiroides. Los cánceres diferenciados se dividen en dos grupos: papilar y folicular. La mayoría de estos tipos de cáncer de tiroides se curan.

Cáncer de tiroides papilar

Este es el tipo más común de cáncer de tiroides. Un 60% de los cánceres de tiroides diagnosticados son papilares. Es más común en las mujeres. Por lo general, se diagnostica en personas jóvenes y suele ser de lento crecimiento, pero a veces puede extenderse a los ganglios linfáticos del cuello o cercanos a la tiroides.
cancer de tiroides folicular
Cáncer de tiroides folicular


Cáncer de tiroides folicular

Este tipo de cáncer de tiroides se diagnostica con mayor frecuencia en personas de mediana edad. Supone aproximadamente un 15% de los cánceres de tiroides diagnosticados. En ocasiones se extiende a otras partes del cuerpo, generalmente a los pulmones o a los huesos.

Cáncer de tiroides medular

cancer de tiroides medular
Cáncer de tiroides medular
Este es un tipo raro de cáncer de tiroides. Supone entre un 5% y un 8% de los cánceres de tiroides diagnosticados. Alrededor de un 25% de los cánceres de tiroides medulares son causados ​​por un gen defectuoso heredado que se da en la familia. Se puede propagar a los pulmones o a los huesos.

Cáncer de tiroides anaplásico

Menos de un 5% de los cánceres de tiroides diagnosticados son de este tipo. Generalmente se da en personas mayores. Aproximadamente un 75% tienen más de 60 años de edad y es más común en las mujeres. Tiende a crecer más rápidamente que otros tipos de cáncer de tiroides.

cancer de tiroides anaplasico
Cáncer de tiroides anaplásico
Tipos muy raros de cáncer de tiroides

Es posible tener un linfoma no Hodgkin en la glándula tiroides, pero es una enfermedad muy rara. También hay un tipo muy raro llamado cáncer de células de Hürthle.

Funciones de la glándula tiroides


glandula tiroides
Glándula tiroides
La tiroides es una glándula que produce y libera hormonas. Se encuentra en la base del cuello, en la parte delantera, justo detrás del pequeño hueco donde se encuentran los huesos del cuello.

La glándula tiroides consiste de dos mitades conectadas por un puente más delgado de tejido. El puente se llama istmo. Las dos mitades se llaman lóbulos. Por lo general, un cáncer se encuentra en un solo lóbulo, excepto en el tipo de cáncer de la tiroides llamado cáncer medular de tiroides, que a veces puede ocurrir en ambos lóbulos.

La glándula tiroides produce las siguientes hormonas: T3 (también llamada triyodotironina), T4 (tiroxina) y calcitonina.


Triyodotironina y tiroxina

sistema tiroideo
Sistema tiroideo
La triyodotironina y la tiroxina ayudan a controlar la velocidad a la que funcionan los procesos del cuerpo (su tasa metabólica). Si la glándula tiroides no produce suficiente cantidad de estas hormonas, se aumenta de peso y se nota sensación de cansancio y falta de energía. Si la glándula tiroides produce demasiada cantidad de las hormonas T3 y T4, se perderá peso y aumentará el apetito. Con una tiroides hiperactiva también se puede sentir ansiedad y resulta difícil relajarse.

Calcitonina

Las células de la glándula tiroides también producen una hormona llamada calcitonina. La calcitonina trabaja junto con otra hormona llamada hormona paratiroidea. La hormona paratiroidea es generada en las glándulas paratiroides, que están detrás de la glándula tiroides y se unen a ella. Si se extirpa la glándula tiroides, las glándulas paratiroides quedan atrás. Sin embargo, pueden verse afectadas por la operación y tardar un tiempo para volver a la normalidad.

regulacion del calcio
Regulación del calcio
La calcitonina y la hormona paratiroidea controlan la cantidad de calcio circulante en la sangre. La calcitonina tiende a reducir los niveles de calcio en la sangre ya que fomentan el almacenamiento de calcio en los huesos y los riñones para deshacerse de él en la orina. La hormona paratiroidea estimula los huesos para que liberen calcio en el torrente sanguíneo y también a los riñones para retomarlo de nuevo antes de que se pierda en la orina.

El calcio es importante para el sistema nervioso. Demasiado calcio puede hacer que se sienta enfermo y con somnolencia. Una falta de calcio puede causar problemas con los nervios, provocar contracciones musculares y sentir agujetas.

Pruebas para detectar el cáncer de tiroides


Si tiene algún síntoma de cáncer de tiroides su médico le preguntará acerca de los mismos y le hará un examen físico del cuello. El siguiente paso probablemente será un análisis de sangre para revisar sus niveles de hormona tiroidea y de unas proteínas específicas llamadas anticuerpos tiroideos. Posteriormente, si es necesario, se le realizará una ecografía y una biopsia.

Exploración ultrasónica

Esta prueba se puede utilizar para observar la tiroides y el cuello. Su médico buscará para ver si hay varios bultos o sólo uno, y si son sólidos o llenos de líquido (quistes). De éstos bultos, una sola masa sólida es más probable que sea cáncer.

Biopsia de tiroides

La biopsia con aguja se utiliza para tomar una pequeña cantidad de tejido de la tiroides, que luego puede ser examinada por un patólogo para asegurarse de si un bulto es cáncer o no. El médico palpará su tiroides para que puedan poner la aguja en el lugar correcto. A menudo se utiliza un escáner ultrasonido para ayudar a guiar la aguja. También se suministra una inyección de anestésico local para adormecer el área. Los médicos no siempre usan anestesia porque la aguja para tomar la biopsia es muy delgada. Luego, el médico coloca la aguja de biopsia en el bulto. Una vez que la aguja está en su lugar, se aspira con ella una pequeña cantidad de líquido y células, y envían esta muestra al laboratorio para examinarla con un microscopio. En ocasiones, la primera muestra no contiene suficientes células para hacer un diagnóstico definitivo y puede ser necesario hacer la prueba de nuevo.

A veces se necesita una biopsia quirúrgica debido a que la biopsia con aguja no se puede hacer por alguna razón; por ejemplo si con una segunda biopsia con aguja no se consiguen suficientes células para hacer un diagnóstico pero el especialista sigue pensando que hay un problema. También a veces es difícil para el patólogo estar seguro acerca de los resultados de la biopsia con aguja. Por lo general, se practica una biopsia quirúrgica con anestesia general. El médico hace una pequeña incisión con un bisturí en la piel cerca de la glándula tiroides y extrae una pequeña muestra de tejido de la tiroides. A continuación se aplican 1 o 2 puntos o grapas para cerrar el corte en el cuello.

Si a partir de estas pruebas se determina que tiene cáncer de tiroides, el médico tiene que comprobar el tamaño del cáncer y si se ha propagado fuera de la glándula tiroidea. Su médico le examinará el cuello y las zonas cercanas para ver si hay ganglios linfáticos agrandados que pueden contener células cancerosas, y pueden hacerle pruebas de imagen como una tomografía, una resonancia magnética, una gammagrafía, etc.

Tomografía computarizada y resonancia magnética

Mediante estas pruebas se explora el cuello y el pecho para ver si hay signos de cáncer de tiroides en otros lugares del cuerpo. Las tomografías computarizadas pueden ser utilizadas para detectar el cáncer en cualquier parte del cuerpo, especialmente en los pulmones. Las imágenes por resonancia magnética pueden detectar el cáncer que se ha diseminado a los tejidos blandos. Si ha sido diagnosticado con cáncer medular de tiroides también pueden hacerle estas pruebas en el abdomen.

Gammagrafía de la tiroides (exploración de isótopos o cámara gamma)

gammagrafia de tiroides
Gammagrafía de tiroides
Esta prueba se utiliza a veces como una prueba de seguimiento para extirpar la glándula tiroides. El análisis utiliza una pequeña cantidad de yodo radioactivo llamado yodo 131 (I-131). El yodo se inyecta en una vena de su brazo. Después la persona se acuesta en el sofá del escáner y la cámara gamma se coloca sobre el cuello durante un minuto o dos.

Las células tiroideas captan yodo mucho más rápidamente que cualquier otra célula del cuerpo, por lo que el yodo se acumula en las células de la tiroides y la radiación se puede ver en la imagen escaneada. Las células cancerosas de la tiroides no captan el yodo tan rápido, así que se pueden mostrar en la gammagrafía como áreas sin radiación dentro de la tiroides.

La prueba es indolora. La cantidad de radiación es tan pequeña que no hace daño.

Exploración por tomografía por emisión de positrones (PET)

Con esta prueba de imagen pueden verse las áreas de células cancerosas activas. Se usan para ver si el cáncer ha vuelto a aparecer después del tratamiento, si otros exámenes resulten negativos.

Factores de riesgo del cáncer de tiroides



Los principales factores de riesgo para el cáncer de tiroides son: enfermedad tiroidea benigna, radiación, antecedentes familiares de cáncer de tiroides, un trastorno intestinal conocido como FAP, el peso y la estatura, la acromegalia, y patologías mamarias previas

Enfermedad benigna de la tiroides

bocio
Bocio
Los dos trastornos de la tiroides más comunes (tiroides poco activa e hiperactiva) no aumentan el riesgo de cáncer de tiroides. Sin embargo, otros trastornos no cancerosos que afectan a la tiroides pueden aumentar el riesgo, incluyendo: nódulos (adenomas), agrandamiento de la tiroides (bocio) e inflamación de la tiroides (tiroiditis).

En conjunto, estos trastornos constituyen los factores de riesgo más importantes para el cáncer de tiroides. Un 20% de casos de cáncer de tiroides se producen en personas que ha tenido uno de estos problemas de tiroides no cancerosos en el pasado. Los adenomas tienen el mayor incremento en el riesgo. El riesgo es particularmente alto si se tienen nódulos tiroideos desde una temprana edad, antes de los 55 años.

Si tiene este tipo de trastorno en su familia (es decir, hereditario), entonces estadísticamente tiene un mayor riesgo de cáncer de tiroides. El riesgo es mayor si más de un miembro de la familia se ve afectado.

Radiación

El cáncer de tiroides es más común en personas que recibieron un tratamiento de radioterapia en la zona del cuello a una edad temprana. El carcinoma puede desarrollarse años más tarde, en un máximo de 10 a 30 años después del tratamiento. Este riesgo es más alto en las personas tratadas con radioterapia cuando eran niños, pero hay un ligero aumento del riesgo para cualquier persona que haya recibido radioterapia de haz externo.

La neoplasia de tiroides es más común en los sobrevivientes de explosiones o accidentes atómicos. Después del accidente en el reactor nuclear de Chernobyl, los casos de cáncer de tiroides en Ucrania se incrementaron en las personas expuestas a la radiación, especialmente en niños y adolescentes. Los casos de cáncer de tiroides también se incrementaron en los Estados Unidos después de los ensayos nucleares en Utah.

Hay informes de tasas más altas de tumor de tiroides en personas expuestas a la radiación en su trabajo. Sin embargo, estos estudios incluyen información sobre los trabajadores antes de 1985 y no sabemos si las personas que trabajan con radiaciones ahora están aumentando su riesgo.

Las personas que tienen niveles bajos de yodo en su cuerpo pueden tener un mayor riesgo de cáncer de tiroides después de la exposición a la radiación que las personas con niveles de yodo normales.

Antecedentes familiares de cáncer de tiroides

Algunas personas que tienen familiares con cáncer de tiroides tienen un mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad, pero por lo general el riesgo todavía es pequeño ya que el cáncer de tiroides es raro. El riesgo de desarrollar cáncer de tiroides papilar o folicular se estima que es de 4 a 10 veces mayor en los familiares de primer grado de una persona con cáncer de tiroides que en las personas de la población general. Un familiar de primer grado es un padre, hermano, hermana, hijo o hija.

Es posible heredar genes anormales que aumentan el riesgo de algunos tipos de cáncer de tiroides. Las personas que tienen un cambio genético heredado (mutación) en un gen llamado oncogén RET tienen un mayor riesgo de cáncer medular de tiroides. Algunas personas tienen cambios en los genes que causan síndromes llamados MEN2A y MEN2B. MEN es sinónimo de neoplasia endocrina múltiple y las personas que lo tienen son más propensas a desarrollar cáncer medular de tiroides y otros cánceres de glándulas productoras de hormonas en algún momento de sus vidas. Si el gen MEN-2 está presente en la familia, puede ser canalizado para la detección del cáncer de tiroides. Una de cada cuatro personas que desarrollan cáncer medular de tiroides tienen un gen anormal.

Poliposis adenomatosa familiar (FAP)

Las personas que tienen una enfermedad intestinal conocida como poliposis adenomatosa familiar (FAP) tienen un mayor riesgo de cáncer de tiroides. La FAP es otra enfermedad causada por un gen heredado.

Peso y altura

Algunos estudios indican que las personas con sobrepeso tienen un mayor riesgo de cáncer de tiroides, así como también las personas más altas, aunque no está claro a qué se debe.

Acromegalia

La acromegalia es un trastorno raro donde el cuerpo produce más hormona del crecimiento.

Patologías mamarias previas

Las mujeres que han tenido trastornos no cancerosos (benignos) de mama tienen un mayor riesgo de cáncer de tiroides. El riesgo se incrementa en cerca de la mitad (50%) en comparación con las mujeres que no han tenido estos trastornos previamente.

Otros factores de riesgo no confirmados


Algunos estudios sugieren que hay otros factores de riesgo para contraer cáncer de tiroides, pero aún no hay certeza sobre su influencia. Entre estos factores están:

Haber tenido cáncer

Algunos estudios muestran que las personas tratadas como adultos para el linfoma no Hodgkin, cáncer de mama, cáncer de esófago o cáncer de testículo tienen un riesgo mayor de padecer cáncer de tiroides. No se sabe si esto se debe al tratamiento para estos tipos de cáncer, a factores de riesgo comunes o a cambios genéticos heredados. En el caso del cáncer de esófago, puede ser debido a que los controles de rutina después del tratamiento también detectan el cáncer de tiroides.

Factores relacionados con la mujer y la reproducción

Las mujeres que han tenido un bebé en los últimos 5 años tienen un riesgo ligeramente mayor de contraer cáncer papilar de tiroides. Pero debido a que el cáncer de tiroides es raro, un aumento en el riesgo sigue siendo un riesgo muy pequeño. Según un estudio, el riesgo es mayor para las mujeres que tienen dos o más bebés en cinco años. Esto puede deberse a que se produce más hormona estimulante del tiroides en el embarazo. Tener más hijos no parece aumentar el riesgo de cáncer de tiroides en el largo plazo.

Un aumento del riesgo de cáncer de tiroides se ha demostrado en mujeres que han tomado medicamentos que detienen la producción de leche en los senos.

Algunos estudios informan de un aumento del riesgo en mujeres que han tenido abortos involuntarios, pero otros estudios han demostrado lo contrario. Si hay un aumento del riesgo, podría deberse a que las mujeres que padecen enfermedad tiroidea benigna tienen un mayor riesgo de aborto involuntario. Así que podría ser la enfermedad tiroidea benigna la que causa el aumento del cáncer de tiroides, y no los abortos involuntarios.

Las mujeres que pasan por la menopausia también tienen un riesgo ligeramente mayor en comparación con las mujeres que habían tenido su menopausia hace más de 10 años. Y hay algunos informes de un aumento del riesgo después de la extirpación del útero (histerectomía), pero no hay suficiente evidencia para estar seguro.

Las mujeres cuyos períodos comenzaron después de los 14 años pueden tener un pequeño aumento en el riesgo de cáncer de tiroides cuando se hacen mayores.

Algunos estudios en el pasado registraron un ligero aumento en el riesgo de cáncer de tiroides en las mujeres que toman la píldora anticonceptiva oral. Sin embargo, estudios más recientes han demostrado que tomar la píldora no aumenta el riesgo.

Un fármaco llamado clomifeno (Clomid), que se utiliza para tratar la infertilidad parece aumentar el riesgo de cáncer de tiroides, aunque es necesaria más investigación para confirmarlo.

Pronóstico y esperanza de vida del cáncer de tiroides


Con el cáncer de tiroides, el factor que más afecta al pronóstico es el tipo de cáncer de tiroides. El cáncer papilar de tiroides tiene el mejor resultado y más de un 90% de los pacientes viven 10 años o más después de que fueron diagnosticados. Para el cáncer folicular de tiroides más de un 80% siguen vivos 10 años después. El cáncer medular de tiroides también tiene buen pronóstico y las cifras son sólo un poco más bajas que para el cáncer de tiroides folicular o papilar. Por desgracia, el panorama es mucho peor para el cáncer de tiroides anaplásico.

Otros factores importantes son la edad y la etapa en la que está el cáncer de tiroides. Las personas menores de 40 años tienden a tener un mejor resultado.

La etapa del cáncer incluye:
- El tamaño del tumor en la tiroides.
- Si el cáncer ha crecido fuera de la cobertura de la glándula tiroides (invasión extratiroidea del tejido).
- Si el cáncer de tiroides se ha propagado a otra parte del cuerpo.

Cáncer de tiroides papilar
El cáncer de tiroides papilar responde muy bien al tratamiento y la mayoría de las personas se curan. La esperanza de vida a cinco años es la siguiente:
- Etapa 1 y 2. Curables en un 100% de los casos.
- Etapa 3. Más de un 90%.
- Etapa 4. Un 50%.

Cáncer de tiroides folicular

Las estadísticas de supervivencia a 5 años para el cáncer de tiroides folicular son casi tan buenas como lo son para papilar. La mayoría de las personas se curan. A 5 años esta es la esperanza de vida:
- Etapa 1 y 2. Un 99%.
- Etapa 3. Entre un 70 y un 80%.
- Etapa 4. Un 50%.

Cáncer medular de tiroides

Aunque baja un poco la esperanza de vida a 5 años, el pronóstico sigue siendo bueno:
- Etapa 1 y 2. Un 98%.
- Etapa 3. De un 75% a un 80%.
- Etapa 4. De un 25% a un 40%.

Cáncer de tiroides anaplásico

Lamentablemente el cáncer de tiroides anaplásico no tiene un pronóstico muy bueno. La mayoría de los pacientes con este tipo de cáncer tiroideo viven de 2 a 6 meses. El pronóstico individual depende del tamaño del tumor y cuánto del mismo se puede eliminar con cirugía. La mejor perspectiva es si el tumor es menor de 5 cm de tamaño y se puede retirar por completo, pero aún así menos de un 20% de las personas viven al menos 5 años después de su diagnóstico.

El grado del cáncer

Otro factor que puede afectar al pronóstico, aparte de la etapa del cáncer, es el grado en el que se encuentra. Las células se clasifican según su diferencia con las células normales cuando se observan bajo un microscopio. Los cánceres foliculares y papilares de tiroides son clasificados como bien diferenciados, moderadamente diferenciados o poco diferenciados. Los cánceres de tiroides bien diferenciados son considerados como de bajo grado, crecen lentamente y son menos propensos a propagarse. Los cánceres de tiroides poco diferenciados tienden a crecer más rápidamente y tienen un mayor riesgo de reaparecer.

El cáncer medular de tiroides no se clasifica por diferenciación.

El cáncer de tiroides anaplásico también se llama cáncer indiferenciado de tiroides. Esto se debe a que las células cancerosas tienen un aspecto completamente diferente a las células tiroideas normales. Este tipo de cáncer de tiroides es más probable que crezca rápidamente y se extienda. Casi la mitad de personas con cáncer de tiroides anaplásico tienen cáncer diseminado a otras áreas del cuerpo en el momento del diagnóstico.

Tratamiento del cáncer de tiroides


Los principales tratamientos para el cáncer de tiroides son la cirugía y la radioterapia. Es probable que también tenga que tomar hormonas tiroideas. Algunas personas reciben quimioterapia para el cáncer de tiroides avanzado.

El tratamiento se planifica teniendo en cuenta: el tipo de cáncer de tiroides que tiene, hasta qué punto se ha propagado (etapa del cáncer), estado general de salud, edad y nivel de condición física.

El tratamiento tiene una probabilidad muy alta de curar el cáncer de tiroides papilar y el cáncer de tiroides folicular. También puede curar a muchas personas con cáncer medular de tiroides. Sin embargo, el cáncer anaplásico de tiroides es más difícil de tratar.

Cirugía para el cáncer de tiroides

La cirugía suele ser el primer tratamiento para el cáncer de tiroides folicular, papilar y medular de tiroides. Hay dos tipos de cirugía: tiroidectomía total (se extirpa toda la tiroides) y lobectomía o tiroidectomía parcial (sólo se elimina parte de la tiroides).

Si las pruebas demuestran que tiene un cáncer papilar o folicular de tiroides menor de un centímetro de diámetro, el cirujano probablemente extirpe solo una parte de la glándula tiroides (tiroidectomía parcial). Estos cánceres pequeños tienen un riesgo muy bajo de reaparecer. Si tiene un tipo de cáncer de bajo riesgo, la cirugía puede ser el único tratamiento que necesita.

Para los tumores papilares o foliculares mayores, y para los cánceres medulares de tiroides, el cirujano generalmente extirpa toda la tiroides y también puede indicar radioterapia para reducir el riesgo de que el cáncer regrese.

La cirugía no suele ser posible para los cánceres de tiroides anaplásicos, ya que suelen haberse extendido demasiado lejos.

En muchas personas las pruebas no permiten confirmar si tienen un cáncer de tiroides antes de la operación. En esta situación, el cirujano puede eliminar sólo la mitad de la glándula tiroidea para diagnosticar la enfermedad. Si se confirma el cáncer, es posible que necesite una segunda operación (tiroidectomía total), dependiendo del tamaño y el tipo de cáncer.

Extirpación de ganglios linfáticos

El cirujano extirpará cualquier agrandamiento de los ganglios linfáticos que se puedan palpar en el cuello, o cualquiera de los ganglios linfáticos que contengan células cancerosas. Es más común tener células cancerosas en algunos de los ganglios linfáticos de las zonas frontales o laterales del cuello, cerca de la tiroides. En algunas situaciones, el cirujano puede quitar todos los ganglios linfáticos de un lado de su cuello si existe el riesgo de que puedan contener células cancerosas. Esto se llama disección radical del cuello. La extracción de los ganglios linfáticos ayuda a evitar que el cáncer regrese en el futuro.

Si el cáncer ya se ha extendido a otra parte de su cuerpo, el médico no puede recomendar la cirugía. Esto se debe a que la cirugía por sí sola no cura el cáncer. Pero se puede extirpar la tiroides y usar radioterapia para controlar los síntomas.

Cirugía para prevenir el cáncer medular de tiroides

Si se tienen familiares con cáncer medular de tiroides, pueden hacerle una prueba para ver si también tiene un gen RET anormal. Este es el gen que que causa la neoplasia endocrina múltiple, que aumenta el riesgo de cáncer medular de tiroides. A los niños que nacen en familias con esta enfermedad se les suele hacer la prueba para este gen. Si se tiene el gen, los especialistas asesoran la eliminación de la totalidad de la glándula tiroides para evitar que aparezca el cáncer. Se prefiere hacer esto antes de que el niño tenga 5 años, a veces con tan sólo 6 meses. Sin embargo, esta decisión se toma de forma individual en función de las necesidades del niño.

Una vez que se elimina la tiroides, es necesario tomar pastillas de hormona tiroidea durante el resto de la vida.

Radioterapia interna con yodo radioactivo

La radioterapia se utiliza habitualmente para tratar el cáncer de tiroides. Dependiendo del tipo y etapa del cáncer, es posible que hacer radioterapia interna o externa, o una combinación de ambas.

Si tiene cáncer de tiroides papilar o folicular es posible realizar un tipo de radioterapia dirigida, que se realiza después de la cirugía para eliminar los restos de cáncer que se hayan extendido. Este tratamiento dirigido es un tipo de radioterapia interna que utiliza una forma de yodo radiactivo llamado yodo 131 o I-131.

La terapia con yodo radiactivo después de la cirugía de tiroides tiene como objetivo reducir el riesgo de que el cáncer regrese. Las células de cáncer papilar y folicular de tiroides absorben el yodo del torrente sanguíneo. Al tomar yodo radiactivo, éste entra en el torrente sanguíneo y circula por todo el cuerpo. Las células cancerosas de la tiroides absorben el yodo y la radiación las mata. Este tratamiento sólo afecta a las células cancerosas. Hay muy pocos efectos secundarios y la radioterapia llega a las células cancerosas en cualquier parte del cuerpo. A algunas personas también se les hace una radioterapia externa después del tratamiento con I-131.

Si el cáncer se ha diseminado o ha vuelto a aparecer, se le puede hacer una gammagrafía con yodo 131 para ver si el cáncer remite. Si no es así, el médico puede sugerir la radioterapia externa.

Radioterapia externa

Los cánceres medulares y anaplásicos de tiroides no recogen bien el yodo, así que se usa radioterapia externa. Esta terapia puede realizarse en los siguientes casos:

- Para tratar el cáncer medular de tiroides y el anaplásico, o si reaparecen después del tratamiento.
- Para tratar el cáncer de tiroides anaplásico después de la cirugía (la cirugía es rara en este caso, porque los cánceres de tiroides anaplásico suelen estar demasiado avanzados como para hacer cirugía).
- Para reducir el tamaño de un cáncer de tiroides anaplásico y controlar los síntomas, si no se puede eliminar el cáncer (radioterapia paliativa).

Tratamiento con hormonas tiroideas

La terapia con hormonas puede usarse para tratar el cáncer o después de una cirugía para reemplazar las hormonas tiroideas que fabrica la glándula tiroides.

Si tiene un cáncer de tiroides papilar o folicular, el tratamiento puede incluir las hormonas tiroideas tiroxina (T4) y triyodotironina (T3). Tomando estas hormonas en forma de comprimidos se evita que el cuerpo produzca otra hormona llamada hormona estimulante del tiroides (TSH) que puede hacer crecer el cáncer. Por lo tanto, evitar la producción de TSH puede ayudar a reducir el riesgo de que el cáncer regrese, o hacer más lenta su progresión si ya se ha extendido.

Si se le extirpa la glándula tiroides, deberá tomar hormonas tiroideas para reemplazar las hormonas que su tiroides produciría. Este reemplazo de la hormona no hará ninguna diferencia en la probabilidad de que el cáncer regrese, pero evitará los síntomas como el aumento de peso, cansancio, estreñimiento y piel seca. Se sentirá mucho mejor si toma la tiroxina.

Es importante tomar la dosis de hormonas tiroideas que prescribe el oncólogo. Para otros trastornos de tiroides se utilizan dosis mucho más bajas.

Quimioterapia para el cáncer de tiroides

La quimioterapia se usa a veces para tratar el cáncer de tiroides avanzado o un tumor que ha vuelto a aparecer después de haber sido tratado en primer lugar. Es todavía un tratamiento experimental, pero ha habido informes de que mantiene el cáncer de tiroides bajo control durante largos períodos para algunas personas. Se puede utilizar para tratar todos los tipos de cáncer de tiroides.